¿dónde es menos peor vivir como mujer?
Cuando uno cree que el ser humano no puede llegar mas bajo, llegan historias de medio oriente, con la velocidad que solo el internet nos puede dar por estos días. Y se da cuenta lo mal que estamos como sociedad en general. ¿Cómo es posible que en esta época donde se esta debatiendo abiertamente los derechos de todos los seres humanos, lleguen estos personajes a mostrarnos que hay sociedades y grupos de personas que ni siquiera ha empezado el debate? Bueno y la verdad no me sorprende, occidente tiene cierta capacidad de minimizar los actos que ellos consideren pro-demócratas, ejemplo de ello es lo que pasa en Colombia. La violencia de género en este país es aterradora, los abusos a las mujeres por parte de grupos al margen y dentro de la ley es aterrador. La vulneración a los derechos de la mujer es impresionante por todas las instituciones en este país. Y me da una lastima impresionante tener que llegar al punto de decir “¿dónde es menos peor vivir como mujer?”.
Hace poco me paso una situación
que me puso en un punto de vulnerabilidad en la calle, estaba yo con mi hijo en
brazos mientras que esperaba a mi esposa que saliera de su cita con el odontólogo,
estaba caminando por la calle un poco más lejos de la entrada al consultorio
porque llevábamos mucho tiempo sentado. Yo tenía el niño cargado con su cabeza en
mi hombro y de pronto se acerca un hombre ya mayor con ropas andrajosas, con la
intención de robarme. Pero su estado mental, y sus alucinaciones tal vez por
alguna sustancia alucinógena consumida previamente, me confundió con un profeta.
Aun así, su discurso era un debate entre la palabra de Dios y robarme lo que llevaba
puesto, en medio de su discurso sobre la salvación del alma me mostro un cuchillo
que llevaba sobre el cinto del pantalón bajo la camiseta, y me confeso entre
delirios que a pocas cuadras había acabado de robar a alguien, pero que yo tenia
parecido a Juan el Bautista por eso se acerco a hablarme en vez de robarme. La
calle estaba transitada, ya caía el día y empezaba la noche. Lo mas curioso es
que nadie pudo detectar la situación, por la naturalidad con que el hombre
hablaba; la gente solo pasaba por nuestro lado ignorando ese momento tan
humillante para mí.
Es claro que en otras
circunstancias tal vez yo hubiese podido detener el hombre, acertarle un golpe
y dejarlo allí tendido en el suelo, pero en este momento era diferente, por lo
vulnerable que se encontraba mi hijo, lo expuesto que se encontraba y tal vez
ese hombre psicótico y delirante le asestara un golpe a mi hijo o algo peor,
tal vez una tragedia. Estaba calculando rápido mis oportunidades y
posibilidades, si gritaba tal vez empeoraba las cosas, si pedía ayuda tal vez
no la iba a obtener, si salía corriendo él podía perseguirme y muy seguramente
me alcanzaba, porque yo tenia un punto de desventaja que era llevar a mi hijo
en brazos. Trataba de hablarle con los ojos a las personas con las cuales
cruzaba miradas, porque aparte todas las expresiones quedaron minimizadas con
este tema del tapabocas. Pero nadie podía comprende mi lenguaje con los ojos.
La gente solo continuaba su camino sin decir nada más. Y de pronto llego esa
persona que le tiende a uno la mano cuando menos se lo espera; el señor que
cuidaba carros mas arriba logro leer la situación, y bajo de inmediato y
espanto al señor que se encontraba intimidándome de esa manera tan pasiva. La conversación
entre estas dos personas no fue nada agradable, y yo aproveche en ese momento para
retirarme y salir rápido caminando al consultorio.
De esa experiencia me quedaron
muchas reflexiones, las personas que se me vinieron a la cabeza fue mi hermana,
mi esposa, mi mamá y mi sobrina. Entendí el por qué ellas no salen caminando la
calle solas a cualquier hora del día. Comprendí que este hombre aprovecho el
momento donde yo podía estar más vulnerable, su capacidad para leer esto es increíble,
pensé en todas las personas, mujeres, niños y hombres que se han sentido así en
algún momento de sus vidas. Pensé en las mujeres, sobre todo, que en este país todos
los días tienen que cargar con este sentimiento, con esta angustia, de no saber
en qué esquina algún hombre las va a violar, robar o matar. Sentí mucha lastima
por esto, y logré comprender por qué muchos de mis contactos sienten esta empatía
tan profunda por las mujeres que van a ser sometidas a este régimen terrible islámico.
Pero siento lastima por la humanidad en general, por esa capacidad de violentar
al más vulnerable hasta el punto de desaparecerlo, porque como lo mencione en
este artículo es en todos los niveles donde se ven estas cosas, y
lastimosamente toca clasificarlas para priorizar que nos debe generar más indignación,
cuando todo en general nos debe generar indignación. ¿Por qué el ser humano no
se ha dado cuenta que la vida es corta? Tan corta como para hacerle la vida
miserable a uno, y empeñarse en hacerle miserable la vida a alguien más.
Y entonces, ya la pregunta se
amplía, porque no estoy seguro en qué lugar en el mundo se pueda ofrecer unas
condiciones diferentes de seguridad para las personas mas vulnerables.
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