No llegare a la hora de la cena.
Por estos días hemos contado muertes que han estremecido el alma para los que aun nos queda un poco de esta. No puedo negar que todas las muertes de este país me duelen, siempre que escucho la noticia de una muerte a manos de otro colombiano pienso en la historia de Caín y Abel, de esos dos hermanos que en el origen de los tiempos para los cristianos destruyeron sus vidas. Y a veces se me da, que muchos de los colombianos son hijos de Caín, a la espera para poder matar a su hermano; pero en este caso no son hermanos de sangre, sino hijos de una misma madre, nuestra madre patria. Tal vez si a los colombianos nos enseñaran esto desde pequeños, si nos lo recuerdan todo el tiempo, tal vez bajo estas circunstancias las cosas serian diferente (o tal vez no). También pienso mucho cada vez que veo un joven asesinado, o una persona asesinada, me pregunto internamente ¿será que ese muchacho o muchacha iba a ser la medica que me salvará de una estenosis arterial en la sala de hemodinamia? Cuand...