La paz a fuego lento.
Cada vez que mencionan la paz en
Colombia, a mi cabeza vienen muchas cosas, datos históricos leídos en periódicos,
libros, novelas, historias del abuelo. Y me pregunto ¿es posible lograr la paz
a toda costa? ¿estamos los colombianos preparados para aceptar la paz bajo
cualquier pretexto y sin importar la ideología política? ¿estamos preparados para
perdonar? Creo que esta ultima pregunta es el talón de Aquiles de la discusión de
la paz en Colombia. En ese orden de ideas, la finalidad es el perdón, pero
cuando uno piensa en perdonar se vienen otras preguntas a la cabeza: ¿Con el perdón
llega el olvido? ¿estamos deshonrando a nuestros muertos si perdonamos a toda
costa a los asesinos? ¿la cárcel es suficiente para suplir el dolor tan grande
que genera la muerte? ¿con la pena de muerte a los asesinos, podemos arreglar
todo el daño que le generamos a las familias de las víctimas? ¿Qué es la
impunidad?
En este articulo no voy a tratar
de responder esas preguntas, las escribo porque siempre me rondan en la cabeza
una y otra vez. Y se que a muchos en este país les pasa lo mismo. Se preguntan
cosas como estas, y nos ha llevado a justificar las muertes, a clasificarlas, y
saber cuales lloramos y cuales no. Le colocamos en la cabeza una ideología, una
razón y una causa. Y pienso que eso es lo que ha hecho el ser humano por mucho
tiempo, por este motivo existen los juzgados, para determinar la gravedad de
los crímenes cometidos por una persona, y que no vaya a pasar como a Jean Valjean
de la obra literaria los miserables, que por sus crímenes que cometió basado en
sus necesidades, fuera condenado a una vida de desgracias, en una Europa que no
conocía las normas de aseo y aun no combatía contra los microorganismos patógenos.
Uno de los profesores que mas he
admirado en la vida, a la cual le dediqué una antología poética virtual que
hice alguna vez con exponentes de la poesía latinoamericana independientes decía
que la tolerancia no existía, que era imposible perdonar al asesino de sus
hijos, y sentir que estaba vivo. Pero también muchas personas a lo largo de la
historia, en las post guerras se ha dedicado a hablar de esto, y sobre la forma
o la manera como usaron el perdón para poder construir una nueva sociedad. Y han
tenido un impacto positivo porque han hablado desde lo personal, desde las experiencias
propias vividas y lo comparten para así poder llegar a mas personas y lograr
construir y seguir viviendo posterior a las guerras. Y bueno aquí voy yo, también
a contar un minicuento.
Norberto Muñoz Perez, nacido en
Sevilla Valle del Cauca en 1963. Un hombre como cualquier otro hombre, lleno de
defectos y virtudes, con una inteligencia un poco por encima del promedio. Con
una crianza producto de una guerra, con un padre Fernando Muñoz hombre promedio
para la fecha, con una fuerza extraordinaria para derrumbar un bosque y
convertirlo en una casa, lleno de traumas y procesos psiquiátricos no resueltos,
resultado de una guerra, un desplazamiento, ocultados en el alcohol y en una
vida de miseria. Todo por el proceso de desplazamiento forzado que se dio en los
cuarenta a raíz de la fuerte represión de un gobierno dictador. Por esta razón Fernando
Muñoz, se llevo todo el odio de sus hijos, por ese estilo de vida hostil y violento,
donde sobrevivía el más fuerte que se llevo a las puertas de su casa. Un día
cualquiera, caminando a la madrugada por las calles de Sevilla, Fernando Muñoz
muere desangrado e inconsciente en un andén, todo a raíz de un fuerte golpe proporcionado
por alguien que al parecer quería sus pertenencias. 6 años mas tardes, un 1 de
julio del 2001, su hijo, Norberto Muñoz muere a tiros a la madrugada en un
andes en tres esquinas Caquetá, al parecer no era el a quien iban a matar, y al
parecer fue un grupo ilegal alzado en armas con fuerte influencia en la zona.
Todo lo menciono de esta manera
porque nunca hubo un informe oficial de la fiscalía que investigara las dos
muertes, la primer quedo como un homicidio por hurto, y la segunda un homicidio
dentro del conflicto armado en Colombia. Un resumen de como la guerra me toco a
mi y a mi familia, pues como lo pueden suponer Fernando Muñoz era mi abuelo, y
Norberto Muñoz era mi padre. Y si hoy me preguntan ¿Me gustaría matar al
asesino de mi padre o de mi abuelo si los viera de frente? Les respondería que
no, la guerra solo trae guerra, la muerte solo trae mas muerte. Solo sería un círculo
vicioso de venganzas y de muerte para nunca acabar. Es claro que me gustaría saber
la verdad, pero esto no quiere decir que sea para una venganza, solo para saber
que fue lo que hicieron tan malo en este plano como para terminar así,
derramando su sangre en un anden de una calle cualquiera, de un pueblo cualquiera.
Pero no busco venganza, se que eso en este país no lleva a nada, ese dolor solo
va a traer mas dolor. Esto se trata de perdón para poder seguir como sociedad.
Para poder consolidar nuestro sentimiento como país, y así poder salir adelante
con todo este proceso de sobrevivir. Algún día tal vez tenga más respuestas que
preguntas y la paz ya no siga a fuego lento.
Aldevaran Muñoz Salas
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